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La psicología las considera etapas naturales en el desarrollo de la pareja, que surgen en determinados periodos de la vida en común
Las crisis en las relaciones no son peleas al azar ni un signo de que haya una persona «equivocada» cerca. La psicología las considera etapas naturales del desarrollo de una pareja, que surgen en determinados periodos de la vida en común. El cambio de roles, responsabilidades, prioridades vitales y nivel de intimidad crea tensiones que no pueden evitarse. Natalia Garina, máster en Psicología y psicoterapeuta, explicó a RBC-Ucrania qué crisis surgen en las distintas etapas de las relaciones y cómo se pueden superar sin pánico ni consecuencias.
Según la experta, la forma en que los miembros de la pareja atraviesan estas crisis es lo que determina si la unión madura o se derrumba poco a poco.
1-2 años de matrimonio – crisis de adaptación
El periodo de idealización llega a su fin, los cónyuges se enfrentan a la vida real, las finanzas, diferentes escenarios familiares.
«Los conflictos suelen parecer insignificantes, pero en realidad se trata de formar tus propias reglas de vida. Es importante no reeducar a la pareja, sino llegar a un acuerdo», dice la experta.
3-4 años – crisis de roles y de poder
Surge la pregunta: quién es responsable de qué, a quién se da prioridad en su carrera, cómo se toman las decisiones. Si se silencian estos temas, aparece el control o la agresión pasiva.
«La salida es una negociación abierta sobre la responsabilidad y los límites», aconseja el terapeuta.
5-6 años – crisis de sobrecarga
Para muchas parejas es un periodo de parto o de cansancio acumulado. Los cónyuges pasan a un segundo plano, la intimidad disminuye. Hay que proteger a la pareja, sus sentimientos y su intimidad: el tiempo juntos no es un lujo, sino una necesidad.
7-8 años – crisis de rutina
La estabilidad sin desarrollo crea una sensación de vacío. Las relaciones necesitan renovarse a través de nuevos objetivos comunes, no de una destrucción radical.
10-12 años – crisis de agotamiento emocional
La vida pasa a ser funcional. Si no se recupera el contacto emocional, la pareja empieza a vivir como cohabitantes.
15-20 años y más allá – crisis de revalorización y de sentido
La pareja cambia, los hijos crecen y la unión requiere un nuevo formato de intimidad.
«Las crisis no destruyen una familia por sí mismas. Es la falta de voluntad para reconocer el cambio y renegociar los acuerdos lo que la destruye. Es la capacidad de vivir estas etapas y poder adaptarse juntos a la nueva realidad lo que distingue a una pareja madura de una frágil», resume Natalia Garina.
